martes, 23 de marzo de 2010

Operación churrumais.

Todo comenzó con los chocotorros. Esa abominación color rosa de la cual tengo la certeza, ya no pertenece a este mundo. Mientras todos duermen, un ejército invisible pero eficaz libra una batalla oculta: la de las fritangas, botanas y bocadillos que buscan aniquilarnos lenta pero inexorablemente. La guerra de los mundo es una broma. La amenaza nuclear fue bambi. Esta es la verdadera madre de todas las batallas. Habemos unos pocos seres conscientes de lo que hay en juego. Seres evolucionados que reconocemos la amenaza de un "flipy" perfectamente envuelto en su empaque. Conocemos la perversión detrás de sus chispitas dulces de colores. Somos unos cuantos los que vemos en los "negritos Bimbo" una tragedia descomunal, sólo comparada a lo ocurrido en Auswitch. Sabemos de su origen infernal, del tétrico invento que hay detrás de esas criaturas híbridas mitad pan de hot dog, mitad panecillo dulce. Esos pocos hemos sido testigos de la lucha entre los twinky wonders y los submarinos: el mal contra el bien en su versión cremosita. También hemos determinado nombrar a los Frutsis como los adversarios más aguerridos -especialmente el de uva y naranja- de esta silenciosa pero implacable guerra. El lumpen de todos estos seres de diversos sabores son los Churrumais. Surgidos de las catacumbas más oscuras de la gastronomía informal, han logrado subsistir a toda hecatombe. Son las cucarachas de las frituras. Palitos con sabor a limón capaces de sobrevivir durante horas en el caldo de tus jugos gástricos. Desconfía de ellos. No los compres. No permitas que nadie te hable de ellos. Huye mientras puedas pues a pesar de que cuestan 5.50 pesos y no 3 como "alguien dijo", ellos estarán ahí, esperando el momento de saltar a tu boca y hacerte babear por los siglos de los siglos.
Amén.