domingo, 8 de agosto de 2010

Instrucciones para llegar a salvo al Lunes.


  1.           No vaya a dos cines buscando tickets para una película que en realidad debe ver el martes.
  2.           Beba un chai frío, pero rápido, mientras camina bajo  árboles frondosos.
  3.        Asómese a un puesto callejero de películas y descubra el dramatismo de estar frente a títulos demasiado cristianos como para ser ciertos. Preferentemente, quédese con las ganas de preguntarle al tío que las vende, por aquel emblemático título: garganta profunda. Le hará un bien a la humanidad, y quizá a usted mismo.
  4.           Olvide la calle en la que vive. Luego regrese y no llore por la anécdota de aquel gatito abandonado adentro de una alcantarilla.
  5.         Si va a una plaza –los nuevos epicentros de la alteridad –evite pensar que esos arbolitos iluminados son cerezos: para Strawberry fields forever, se sabe, uno debe voltear al Central Park, sí, del lado de la calle 9.
  6.        Si tuvo una madrugada del carajo, lo mejor es que lo olvide chupando una paleta de la Rosa: siempre habrá una en el auto, y ah, nunca fallan.
  7.        Si además, olvidó hacer el trabajo que debió dejar terminado un día antes, y son las 9 pm, finja trabajar mientras en realidad hunde las pestañas en elfango de tuitah.
  8.        Sin embargo, si lo que realmente desea es llegar a salvo al lunes, dé un beso ligero, pero firme, de esos cuya suavidad entraña toda la fuerza de los labios, de esos que sin duda, le dan a uno la energía suficiente para cruzar a ese temible día, con una sonrisa imborrable.