Un mismo sello
oblea el signo
destino ignoto, el dos
notorio designio.
Un tú, el día
nos mira distintos;
día nuestro
cortejo de unos,
abre su falange
para estrecharnos.
Pienso en una calle de entrañas revueltas
el poro que somete la humedad
ventanas abiertas que, al fumarte
me dieron tu esencia.
El invierno es nuestro.
Su ala espesa nos eleva.
No creías en mí
porque no creías en tus ojos
ni en palabras que, como ojos
te leían sin entender
y leíste sin comprender.
Mis ojos,
invierno
sobre los tuyos,
te dieron su vendaval
mecieron tus lianas
cerrados
abiertos
se posaron sobre ti.
Son el sello
y el signo
del nosotros.
Transparencia final.
viernes, 10 de diciembre de 2010
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