viernes, 30 de septiembre de 2011

Ciudad de las penurias I


Quizá sé llegar a donde no me esperan. Un piso y lo que prolonga: las memorias del asfalto, las aves caídas, los bosques talados y los barcos hundidos que como pesadillas trepaban el muro de tus días. Oblicuos, sedientos, corren los designios. Un segundo es un aroma de crema en mis dedos. Otro más viene del café –que de seguro despertó un milenio antes que nosotros. Hay manzanas en el refrigerador y un libro de Andrzejewski sobre la mesa. Tus cigarros aman mi boca. El humo da saltos en mis labios. Quedan cuatro. Queda Arvo Pärt. Queda esta isla color uva, su juego de ruidos tras la ventana. Quedo yo en la silla de al lado, digno náufrago.
Encuentro todo esto familiar ¿será el contrabajo, el caballete con tu autorretrato detenido desde la última vez, el gato que domina el paisaje?
Intentaré definirlo toda vez que pruebe el siguiente café.
Con tu permiso. Estoy en casa.