miércoles, 28 de marzo de 2012

Des a pares ser.


Yo solía elevarme tal y como lo hacen las bolsas de plástico en los callejones. Era cosa de dejar a una ráfaga de aire ser una ráfaga de aire, sin preguntarle de qué parte del viento venía, ni a qué parte de la nada me pretendía llevar. 
También solía quedarme quieto como un corcho al que no se le sonríe, y del que unas uñas adiestradas y disciplinadas, podían, en un corto lapso de tiempo, convertir en una breve pila de escombros. 
No sé si en eso radica una parte de mi felicidad o de mi tristeza, solo describo episodios del ser y del estar. 
Ahora bien, las bolsas de plástico y los corchos de botellas no agotan las metáforas. Tampoco pretendo que así sea, pero acaso alguien ha advertido que estos simples objetos desafían nuestra enferma idea de libertad o sea yo un payaso que eso cree, acaso eso suceda o no, mi idea de ser y estar está y es cada vez más lejana y ridícula. 
Quizá por eso desaparezco: des a par es ser.